Primera parada, antes de podernos enteder con el camarero para que nos sirviera un buen pescado.


La vida social tiene lugar sobre todo en los cafés y tabernas en el paseo marítimo.
Egina, una auténtica ciudad insular.
La alta perfumería contrasta con la belleza y sencillez de el trazado de la isla

La calma y la paz se adueñó de nosotros en la sencillez de esa pequeña y blanquísima iglesia ortodoxa.


TODO AZUL, AZUL AZUL...

Dese el puerto del Pireo cogimos un barco hasta Egina, pequeño pueblo de pescadores.
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